NIÑO Y ANCIANO

Quién volviera al júbilo del bebé,

cuando por el balanceo de colores

la emoción se vuelve celestial.

*

Quien pudiera librarse de obligarse

a estar siempre a la altura de sus éxitos,

cuando todo esfuerzo es imperceptible.

*

Mira al anciano, al que no respetan,

que vuelve a mirar con ojos de cachorro,

porque no reconoce el mundo donde nació.

*

Quien pudiera ser niño y anciano,

con la virtud de correr, de tropezar,

sin dañarse y mirar como el primer día.

Published in: on agosto 29, 2010 at 11:59 am  Dejar un comentario  

HAZAÑAS

Grande es exactamente pequeño,

cuando pasa el tiempo del logro.

Si pruebas a acercarte,

te encuentras con algo insignificante.

*

Como el exquisito Rimbaud.

Se enamoró y creyó ser un loco,

y olvidó porqué lo creía.

¿A quién le importa lo que hagas?

Published in: on agosto 29, 2010 at 11:59 am  Dejar un comentario  

SIGUE SIENDO HOY

Es hoy, debemos partir,

dejar atrás los bocetos.

Romper los esquemas

del codicioso hábito.

*

Pesadumbre no queda,

tras agotar la última lágrima.

Desde la cima, el río recoge

y no comprende hasta llegar al mar.

Published in: on agosto 29, 2010 at 11:58 am  Dejar un comentario  

TRES PRESENTES

Calidez nos brinda el día,

y un silencio monacal.

Después te ceden la palabra,

y ahora en ti, solo un silabeo.

*

Tras la respuesta,

la indecisión, efervescencia.

Reptas por las ramas,

el árbol no se detiene ni al caer el sol.

*

Azota el bochornoso viento del desierto,

te oprime como la serpiente que hay en él,

y observas perplejo al alma abandonar.

Aparece aquel olor, fragancia alentadora.

Published in: on agosto 29, 2010 at 11:58 am  Dejar un comentario  

Anzuelo

No había en ningún lugar más arena que debajo de sus pies. O eso le parecía a Hamid, que a sus siete años prestaba máxima atención a todo lo que lo rodeaba, cada detalle lo analizaba con detenimiento. Observaba a su padre, que con la caña sobre el hombro, contemplaba el horizonte esperando que la luz se templara y apagara. Su mirada y la cabeza se perseguían con inmensa agilidad.  Veía hasta las semillas en las flores,  le fascinaba ver volar a los insectos, y perseguir con la mirada a las hormigas, en cada milimétrico paso hasta sus guaridas.  Llegó la hora en la que el acantilado sobrepasó al sol. Caminaron sobre la playa. Hamid trataba de seguir el ritmo de zancada de su padre, pero eso se le hacía complicado solo por cuestión de altura. Se adentraron cautelosamente en el candor de la noche, especialmente luminosa por la lluvia de estrellas a finales de agosto. El mar se recreaba al frente, y el resplandeciente centellear de la luna sobre las olas hipnotizaba al pequeño, que allí se sentía colosal. Su padre tomaba todo con la sobriedad del transcurrir del tiempo allí en África, de dónde procedía. Colocaba sus cosas cuidadosamente, la cesta de las herramientas, la bolsa de la comida, el cubo del pescado. Le pedía a Hamid lo que necesitaba y el lo hacía casi sin pensar. Sabía donde guardaba todo. Sacaba los plomos sopesando ya el tamaño a elegir según la caña que su padre se dispusiera a montar. Y desde allí, elegía sucesivamente la hebilla, el anzuelo y el gusano, tras remover con el índice cada rincón de la caja. Con algo de nerviosismo colocaba el gusano en el anzuelo para matarlo sin perder tiempo, puesto que no le gustaba demasiado verlos sufrir, aunque ni siquiera pudiera reconocer alguna expresión en el bicho. El retorcer del animal, justo cuando la punta del gancho se clavaba en su cola, le revolvía el estómago. Su padre una vez preparada la caña mayor, le ayudaba a montar la suya, de un tamaño más acorde a sus brazos. Una de las cosas que más le fascinaba era ver volar el plomo por encima del mar, avanzando con determinación, buscando el punto más lejano, casi deseando no poder ver el salpicar del agua a su llegada. Se empleaba a fondo para lanzar muy lejos, aunque sabía que eso no determinaba la fortuna de su propósito. Lejos le parecía bastante, y se sentía muy satisfecho, si al menos alcanzaba la mitad del trayecto de su padre. Pronto se sentaban los dos, e  inclinaban sus cabezas para examinar la punta de sus cañas, que con una luz fluorescente, se balanceaban por la brisa que soplaba. Eran momentos de tranquilidad, de silencio, la mente se desprendía del cuerpo y se posaba en el horizonte y se enfriaba, y regresaba de nuevo, enaltecida, narcotizada, extasiada cuando de repente se removía la caña con insistencia y Hamid sabía que lo tenían, que de allí no escapaba, que estaba condenado, y lo respetaba. Corrió hacia la caña y la agarró con fuerza. Esperó unos segundos, recogió un poco el carrete y se detuvo, tensó el hilo con la mano para comprobar si el peso era lo bastante consistente. Decidió que no podía esperar más y recogió con fuerza, a un ritmo constante pero con la prisa del novato, y ¡Sí!, de allí salió algo que brilló. Y gritó con fuerza, “¡lo tengo! ¡Brilla! ¡Qué grande! ¡Has visto papá!” Su padre asintió con la cabeza. “Tranquilo, sácalo despacio o se va a escapar”. Cuando lo tuvo en la arena lo observó, lo que parecía un sardo, agonizaba, se revolvió. “Qué grande es, y lo he sacado con la mía!”, espetó. Su padre le tiró un trapo y le invitó a sacarlo del anzuelo. Lo hizo con cuidado. El pescado, que en ese preciso instante dejó de ser pez, no se lo había tragado, con lo que le resultó sencillo. Sintió algo de lástima y para olvidar esa sensación lo depositó en el cubo. Se giró y vio la silueta de su padre, con los brazos cruzados en la espalda, y las manos juntas, en posición erguida, mirando la  punta de su caña, y lo vio lejos, muy lejos ¿Quién era aquel hombre que apenas hablaba? ¿Aquel que lo dejó solo en aquel gran momento? Comprendió cuando vio al pescado en el cubo vacío, alejado de los suyos. Aquel hombre es sólo otro más que mira su particular horizonte,  hacía donde la punta de su caña enfila, y que puede ver hasta lo más profundo del mar, allí donde descansa el anzuelo, el gusano, asediado. El hombre ausente, que está allí pero no está , porque ese no es su lugar, pero debe estar. En realidad, no sabe ni donde está. Hamid preparó de nuevo su caña, y repitió meticulosamente todo el procedimiento, y también miró bajo el espeso oleaje, tratando de encontrar su anzuelo, procurando, con un grito profundo dentro de sí, alertar a los demás peces. ¡Alejaos! ¡Permaneced allí dónde queráis estar!

Published in: on agosto 26, 2010 at 10:13 pm  Dejar un comentario  

EXTREMOS

Anda  el gemelo perdido entre su espejo y él,

hoy marcha por la derecha y llega por el opuesto.

El dulce tentador se torna salado pero gusta, y ahora no.

Rumor constante, de batalla,  gladiadores no caen en la arena.

*

La euforia contenida resurge y  dista de ser eterna.

Casi momentáneo, aparecen aflicciones, reparo.

Dos polos que se oponen refinan su vocabulario,

para soportarse y nada más, se toleran.

*

Primorosa melodía apacigua al ganado,

que así sólo espera comer y dormir en paz.

Y como una delicada vibración de clarinete,

el aire se torna espléndido, vigoroso, sin grietas.

*

Súbitamente, cae el último destello y ya no puede verse,

brotan las malas hierbas, y el paisaje languidece.

Se siente solo el gemelo, que añora su mitad,

y únicamente cuando se pierda en la oscuridad, transigirá.

Published in: on agosto 25, 2010 at 9:36 am  Dejar un comentario  

Solamente una vez

¿Merece desdén el futuro?

Le pregunto ¿Y ahora qué?

A esperar como el hombre del campo,

a que la lluvia se organice, dicte sentencia.

*

Contente de clamar justicia,

no la hay para ti, ni para ellos.

Ante la suerte, inclínate, se presenta.

Llámala una sola vez, hoy que puedes.

Published in: on agosto 24, 2010 at 6:19 pm  Dejar un comentario  

¿Qué es modernidad?

Que los tobillos de la colona

fascinen al libio, cerril,

bajo la sombra del minarete.

Published in: on agosto 19, 2010 at 11:41 pm  Dejar un comentario  

Hospitalidad

Higuera reina imperial.

El aceite hierve, la cena se acerca.

Y la niña vergonzosa se esconde a mi mirada

no sabe a quien me recuerda.

*

El cuadro pende torcido al fondo, no distingo.

El colchón que reposa en el banco de madera

preside la cocina, y el niño se fija en ti.

La mujer dedicada, el hombre a su aire.

*

Cielo estrellado, brillante, ceremonioso.

Hoy sí, no queda más por ver.

Hacia el monte nos dirigimos,

no sin volver a la ciudad.

Published in: on agosto 13, 2010 at 3:19 pm  Dejar un comentario  

Chauen

La plaza se ofrecía sosegada,

locales que viven su destino,

no andan tras él desamparados.

Veleidoso afán de dulce.

*

Las grutas azules te invaden

y la tienda del metal te engulle.

Pensé durante un instante en ti

y por un momento en mi.

*

La vista pide mientras el hambre aguanta,

las aceitunas brillan, y así todo lo demás.

Deslizarse hasta el hostal, el rumor del río,

buen lugar para pensar.

*

Y ahora el agua te escucha respirar,

Lo que te absorbe es su rumor.

El duro lecho se torna imprescindible,

al alba el monte espera al sol, tras la pared del Ryad.

Published in: on agosto 13, 2010 at 3:18 pm  Dejar un comentario  
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